El Ser Humano

sábado, julio 01, 2006



"La simple presencia en mí de

la idea de Dios, demuestra

la existencia de Dios."

Descartes


Descartes (1596 - 1650) inicia la filosofía moderna, buscando evidencias y certezas que le saquen de su estado escéptico de duda. Para conseguir este objetivo busca un método universal donde construir un conocimiento objetivo, que evite a la razón humana caer en el error o en la ilusión de verdad. De esta manera, comienza a buscar en el interior de su conciencia ideas que cumplan con los requisitos de ser verdades indubitables en el campo de la Filosofía. Para alcanzar este objetivo, inicia la duda metódica, dudando de los conocimientos que posee, especialmente de aquellos que obtenemos a partir de los sentidos. Su crítica es audaz y exhaustiva, hasta alcanzar una verdad indubitable: Pienso luego existo, Cogito ergo sum. Una vez aceptada esta idea con total evidencia, revisa las ideas que encuentra dentro del pensamiento. Toda idea tiene dos polos, primero una realidad subjetiva y mental y una realidad objetiva. Subjetivamente, todas las ideas se parecen en cuanto que hacen referencia al sujeto pensante; pero cuando las consideramos objetivamente, son totalmente diferentes unas de otras, pudiendo encontrar su origen.

La idea de Dios, es decir la idea de un ser infinito, eterno, omnisciente, omnipotente y creador, es difícil suponer que esta idea la haya fabricado yo mismo. La idea de Dios es la única en la que hay algo que no puede proceder de mí mismo. Por esta razón, Descartes concluye que el origen o causa de esta idea, no puede ser más que una sustancia infinita, y la simple presencia en mí de la idea de Dios, demuestra la existencia de Dios.

El ser humano viene a este mundo con un conjunto de ideas o principios innatos, las ideas primitivas a partir de las cuales construye el edificio del conocimiento. Entre estas ideas se encuentran la de pensamiento, existencia y la de Ser Infinito. Se puede reconocer la existencia de Dios, según Descartes, por la misma finitud o limitación de mi yo. Es evidente que no me he creado a mí mismo, especialmente por mis inseguridades y dudas. Si fuese la causa de mí mismo, me habría otorgado las perfecciones contenidas en la idea de Dios. Es claro que no me he creado a mí mismo y que ha debido crearme un ser que tiene todas las perfecciones, cuya idea poseo como un Ser infinito.

La constatación de nuestra finitud o limitación, supone una relación causal del ser humano con Dios, y esta relación se expresa a través de la idea de Dios que encontramos en nuestra conciencia, y que sólo Él ha podido crear.

Descartes define a Dios como la sustancia que existe por sí y se concibe por sí misma. Esta sobreabundancia de la sustancia divina, hace que Descartes apoye en ella, la existencia del mundo exterior, y no por supuesto en el conocimiento sensible, que es totalmente engañador y del que siempre debemos desconfiar.




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